La Plaza del Carmen de Playa Blanca vivió este domingo una de esas noches que quedan en la memoria. Decenas de vecinos y vecinas, junto a numerosos turistas, se reunieron para seguir en directo la gran final del Mundial de Fútbol entre España y Argentina, en una cita que convirtió el corazón de la localidad en una auténtica fiesta del deporte.
Desde minutos antes del inicio del encuentro la plaza presentaba un lleno absoluto, con una marea roja de camisetas y banderas de España aunque tampoco faltaron aficionados argentinos afincados en el sur que lucieron con orgullo los colores albicelestes y compartieron la velada en un ambiente de respeto, armonía y deportividad.
Durante los 90 minutos y la prórroga no faltaron los nervios. Cada llegada de La Roja a la portería rival se vivía con máxima intensidad entre los asistentes, quienes también mostraban su desacuerdo con algunas decisiones arbitrales, especialmente la polémica anulación del gol de Nico Williams. Tampoco pasaron desapercibidas varias entradas duras protagonizadas por jugadores argentinos, entre ellas la de Enzo, que acabó siendo expulsado en la segunda parte y dejó a su selección con uno menos sobre el césped.
El ambiente no decayó en ningún momento con un Dj encargado de poner música y animar al público durante las pausas de hidratación y los descansos, además de animar al público a seguir alentando a La Roja cuando la tensión se mascaba, haciendo olas, apoyando cada pase con un olé o entonando el famoso cántico «¡Yo soy español, español, español!».
La explosión de alegría llegó en el minuto 106 de la prórroga, cuando Ferran Torres marcó el gol que acabaría dando la victoria a España. A partir de ese momento, los minutos restantes se hicieron eternos para los aficionados, que esperaban con impaciencia el pitido final del encuentro disputado en Nueva Jersey.
Cuando el árbitro señaló el final del partido, la Plaza del Carmen estalló de emoción. Abrazos, cánticos, banderas al viento y una enorme celebración acompañaron el momento en el que España conquistó su segunda estrella mundial.
La fiesta continuó hasta bien entrada la madrugada, con un ambiente inmejorable en Playa Blanca, donde el fútbol volvió a demostrar su capacidad para reunir a personas de distintas procedencias en torno a una misma pasión.









