El valor del feminismo

Opinión | El valor del feminismo
Foto: historyoffeminism.com

Un artículo de la BBC de 2019 hacía alusión al escaso número de mujeres entre 18 y 35 años que se consideraba feminista. Aunque la proporción es baja, a la vez lanza una esperanzadora luz, pues aún no considerándose feministas, todas sus acciones y formas de pensar sí lo son.

Es sorprendente el escaso reconocimiento que tiene el feminismo aún hoy día, siendo como es amparado por un marco legal internacional tan extenso y teniendo organizaciones aliadas como son la ONU o la UNESCO.

En un mundo ideal, todas y todos deberíamos considerarnos feministas. Así lo expone Chimamanda Ngozi Adichie en la publicación de su libro, ya que gracias a este movimiento político y social se han conseguido democracias más igualitarias que han beneficiado a toda la sociedad. Por el contrario, la mayoría aboga por una igualdad fuera del feminismo. Es decir, consideran que están a favor de la igualdad, pero no del feminismo. Es como querer viajar, pero no moverte a ningún lado. Tal argumento, con el único fin, de no identificarse con la palabra “feminismo”.

La cuestión es que verdaderamente desconozco qué ha conseguido el “Igualitarismo” en cuanto a derechos se refiere, si es que existe tal movimiento. El acceso a la educación, al voto, al divorcio, la ley del aborto, leyes contra la violencia de género, entre otros grandes logros, se adquirieron gracias al feminismo, que además es la revolución con más victorias pacíficas conseguidas. Es de hecho la historia más abrumadora, valiente y paciente que tienen para contar las mujeres, y la mayoría, ni la conocen.

Pero aquí está la estrategia más eficaz que ha llevado a cabo el machismo, y no es otra que agrupar a las feministas en un estereotipo de mujer el cual, a las propias mujeres, aun habiendo sido liberadas por este movimiento, les da tanto rechazo que solo el propio nombre les produce espanto. Obviamente, de haber sido diferente, ya habríamos terminado con toda la agenda feminista y viviríamos felices comiendo perdices.

La afirmación de que “las feministas de hoy no son como las de antes” es la misma que la afirmación de antes, sobre que las feministas no eran igual que antaño. Y así sucesivamente. Las feministas han sido siempre las mismas y las personas que sentían rechazo al feminismo han sido las mismas también, es decir las personas machistas, o bien, el machismo hablando dentro de las personas que aún no saben que son feministas.

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El pensamiento feminista como tal se considera que empieza en la Revolución Francesa. Los hombres quieren por primera vez ser ciudadanos y tener derechos. Pero eso, solo los hombres, sin incluir a las mujeres. Éstas empiezan a tomar conciencia de su posición subordinada y es cuando las primeras voces feministas se alzan. Olympe de Gouges, quien realizo más de mil escritos revolucionarios, recibió una carta de su padre, a la que es imprescindible hacer mención, cuando decidió publicar sus pensamientos:

«Si las personas de vuestro sexo pretenden convertirse en razonables y profundas en sus obras, ¿en qué nos convertiríamos nosotros los hombres, hoy en día tan ligeros y superficiales? Adiós a la superioridad de la que nos sentimos tan orgullosos. Las mujeres dictarían las leyes. Esta revolución sería peligrosa. (…) Las mujeres pueden escribir, pero conviene para la felicidad del mundo que no tengan pretensiones.”

Por supuesto que ella publicó, pero en 1793 sería guillotinada.

En Inglaterra, Mary Wollsntonecraft escribía sobre educar a las mujeres y no tratarlas como eternas infantes carentes de derechos, y por ello también fue insultada y ridiculizada. Fue una filósofa (que no se estudia en el colegio) que cuestionaba a Rosseau (al cual sí estudiamos), filósofo empeñado en demostrar que las mujeres éramos todo naturaleza y cero patatero de razón. Básicamente habíamos venido al mundo para hacer la vida del hombre más agradable. A Mary la apodaban la “Hiena con faldas”. En aquellos tiempos ser feminista era jugarte la deshonra, el destierro o incluso la cabeza. Quien era feminista era demasiado valiente, y hoy simplemente es de sentido común.

Como explica Amelia Valcárcel, los logros del movimiento feminista una vez conseguidos, nadie los cuestiona, pero durante su lucha siempre son atacados por una fuerte reacción machista y patriarcal. Tienen miedo a la visibilización de los referentes feministas heroicos que lucharon por conseguir derechos que les pertenecen a las mujeres. A eso se han sometido las primeras feministas, las que les siguieron y las de ahora también.

¿Quién difundió en el pasado y presente esta nefasta propaganda?

Los medios de comunicación son conformadores de la realidad social y tienen un papel esencial y una gran responsabilidad en la proyección de la imagen de la mujer. Su poder para incidir directamente en el aprendizaje de la realidad social es indiscutible. A través de su influencia creamos la opinión pública. Son la prueba irrefutable sobre la persistencia del machismo en nuestra sociedad y a la vez, uno de los medios de socialización más eficaz.

Las sufragistas en sus cien años de lucha por el voto femenino eran caricaturizadas en los periódicos y ridiculizadas en sociedad. Hoy, el término más usado es feminazi. Nosotras todavía no hemos sido capaces de encontrar ninguna feminista con vinculación nazi, que dicho sea de paso hasta podría sorprenderme, pues después de pasar siglos siendo menos que nada, invisibilizadas y ninguneadas, cortarnos la cabeza, esclavizarnos con la prostitución, subrogar nuestros vientres y sexualizarnos hasta las trancas, me sorprende cómo pueden extrañarse de que busquemos igualdad y no venganza. Pero que nadie se asuste, las feministas no devoramos a nadie (solo algún que otro libro) y algunas volamos, pues el empoderamiento nos eleva, pero desde luego, todas evitamos el igualitarismo, el cual no incomoda en absoluto y por eso hace que nada cambie para que todo siga igual.

Por Mujeres en la Ola