Patria boba

Alex Salebe 22

La RAE describe el significado de ‘patria’ como “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. La patria, tu patria o nuestra patria, por tanto, es de todas y todos, si así la sentimos, cualquiera que sea la región del país donde hayamos nacido o criado y con independencia de ideologías políticas, costumbres, religiones o el valor que fuere que nos hace ricos en la diversidad.

El pasado mes de mayo, el cantautor Rubén Blades donó y depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes sus maracas y el manuscrito original de la canción ‘Patria’ durante el festival Centroamérica Cuenta celebrado en Panamá. En su letra, el maestro Blades dice que patria “son tantas cosas bellas” y también escribe y canta que patria “son los mártires que gritan, bandera, bandera, bandera, bandera; no memorices lecciones de dictaduras o encierros. La patria no la define los que suprimen a un pueblo”.

Ahora resulta que algunos muchos pretenden tomarnos por gilipollas vendiéndonos la idea y haciéndonos creer que una persona patriota, la que tiene amor a su patria y procura todo su bien, es un atributo innato de políticos y políticas de derecha ultra o derecha, líderes autoritarios, seguidores del fascismo o seres supremos que se autodenominan “personas de bien”.

Esta distorsión interesada es tendencia global en la guerra cognitiva que lleva por bandera la desinformación, especialmente en la confrontación política, infectada además en las redes sociales por grandes poderes económicos a través de marionetas de carne y hueso, plataformas digitales y medios de comunicación, todas y todos con fuertes intereses económicos particulares y en tocar poder. Trabajan para favorecer a la carta, primero, la utilidad de los amos que pagan, y luego, sus beneficios en dinero o especie, el clientelismo de siempre. En la ciudad de Barranquilla, la ‘Universidad Charilandia’ tiene una cátedra aventajada en la materia.

En Latinoamérica además abundan iglesias evangélicas, convertidas en negocios con pastorcitos mentirosos que ofician, no como guías espirituales de su congregación, más bien como medianeros o intermediarios de políticos y sus intereses corruptos intentando alinear a sus fieles. El trabajo sucio no es gratis como tampoco la mafia trabaja por amor al arte.

La falta de memoria, educación y cultura, el olvido selectivo de la historia y la apatía por leer y contrastar informaciones envueltas en atractivos ‘packaging’ nos convierten en loros repetidores y rebaños al servicio de desinformadores.

Por Alex Salebe Rodríguez